Sociedad

El “gasolinazo”: una visión desde el área de ciencia y tecnología de la Universidad Iberoamericana

Fuente: Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, coordinador del Programa de Servicio Departamental de Física del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México e Investigador Nacional Nivel II (SNI).

Leopoldo García-Colín Scherer fue un extraordinario científico mexicano cuya obra es poco familiar para el ciudadano común, pero es ampliamente reconocida en instituciones académicas nacionales e internacionales.

En el periodo 1967 -1974, este notable mexicano estuvo en el timón del área de investigación básica de la industria petrolera nacional. Las batallas libradas por García-Colín y sus colaboradores para fortalecer esta área estratégica fueron documentadas en el libro Realidad y demagogia en la tecnología mexicana1. Los conceptos incluidos en dicha obra nos dan una explicación de por qué era esperable la situación por la que atraviesa México, en referencia al llamado “gasolinazo” del año 2017.

A manera de ilustración describiré un caso histórico de importancia práctica. Recordemos que sólo una pequeña proporción de los componentes del petróleo extraído de un pozo es útil para obtener gasolina, y que la serie de tratamientos fisicoquímicos necesarios para la producción de los combustibles que utilizamos en nuestros automóviles es conocida como refinación.

La refinación es un proceso caro y dependiente del tipo de petróleo a tratar. El crudo mexicano contiene una gran proporción de azufre, y en su tratamiento puede generar emisiones a la atmósfera de un compuesto llamado anhídrido sulfuroso, capaz de causar graves daños a la salud humana.

Pues bien, hace cuatro décadas el grupo de García-Colin resolvió este problema generando nuevos conocimientos en un área de la fisicoquímica denominada catálisis. Los descubrimientos fueron aplicados exitosamente en las refinerías de aquellos años y los métodos llegaron a ser patentados internacionalmente 2.

En 1976, México entró en una crisis devaluatoria. Esto llevó a diversos recortes al gasto público. El presupuesto a la investigación básica de procesos para la industria petrolera se redujo de manera sustancial y se entró en una dinámica que, al cabo de unas cuantas décadas, propició que México se convirtiera en un país importador de gasolina. Esto ocurrió a pesar de que durante muchos años la producción de hidrocarburos del país creció de manera significativa, y que se tuvieron condiciones para priorizar recursos a las áreas de investigación en refinación y petroquímica.

La mayor parte de las patentes obtenidas por el equipo de García-Colín fueron vendidas a grandes empresas extranjeras, y los integrantes del grupo de investigación debieron encontrar nuevos empleos (en los que continuaron cosechando abundantes éxitos académicos).

Una analogía médica nos permitirá visualizar lo ocurrido ante el gasolinazo. Imaginemos a una persona a la que le surge un problema ortopédico y cuya terapia requiere ejercicios especiales y de alto grado de dificultad para garantizar una recuperación exitosa. Ahora imaginemos que el  tratamiento aplicado se limitó al uso de muletas, haciendo de lado los ejercicios necesarios para la recuperación integral de la persona. Pasado un tiempo, las muletas se vuelven insuficientes y ahora el paciente requiere de una silla de ruedas.

En nuestro caso, el desorden ortopédico es la falta de capacidad para cubrir la demanda interna de combustibles por medio de tecnología propia, y el tratamiento era el apoyo a la investigación de procesos en aquellos años.

En esta analogía el paciente debe actuar con inteligencia. De nada le servirá usar sus muletas para golpear al personal de la clínica a la que acudió, tampoco le servirá organizar el robo del mobiliario del consultorio para remodelar su casa. La reflexión crítica e informada sobre su caso será un buen punto de partida para optar por nuevas terapias, tomar decisiones apropiadas sobre el equipo médico y para llevar a cabo las acciones pertinentes para recuperar su movilidad.

En nuestro caso, la producción de energía tiene nuevas facetas que permiten vislumbrar una luz al final de la oscuridad actual. En este contexto, es indispensable aprender de la historia y generar un entorno social mucho más favorable para el desarrollo de la investigación científica en nuestro país.

Los términos actuales del diálogo entre ciencia y sociedad son muy limitados 3. Los recursos tecnológicos actuales permiten crear valiosos puentes capaces de superar vacíos de información sobre el crecimiento de tecnología útil para mejorar la calidad de la vida de las sociedades. La canalización de recursos en esta dirección puede evitar que casos como el del “gasolinazo” se reproduzcan en el entorno de la producción energía presente en el siglo XXI.

 

prl

 

1 Leopoldo García-Colín Scherer, “Realidad y demagogia en la tecnología mexicana”; Premia editora  (serie La Red de Jonás), México 1989  (distribuido por El Colegio Nacional, Ciudad de México).

 

2 Leopoldo García-Colín Scherer, “La ciencia y la tecnología del petróleo: situación actual y perspectivas futuras en México”, El Colegio de México, abril de 1978. El artículo puede descargarse en la dirección electrónica:

http://forointernacional.colmex.mx/index.php/fi/article/download/780/770

 

3 A. Sandoval-Villalbazo, “Necesario, reformular términos de diálogo entre ciencia y sociedad”,  prensa ibero, 9 de diciembre  de 2016.  El artículo puede encontrarse en la dirección electrónica:

http://ibero.mx/prensa/necesario-reformular-t-rminos-de-di-logo-entre-ci…

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