Sociedad

Difunde la Ibero seis reglas para la innovación; herramientas para aquellos con espíritu inventor

Ciudad de México. ¿Eres estudiante de ingeniería biomédica, alumna o alumno universitario o simplemente tienes espíritu emprendedor? Aquí te van las ‘reglas para la innovación’ que han llevado al éxito al doctor Emilio Sacristán Rock, investigador e inventor mexicano, quien compartió su experiencia con educandos de ingeniería de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

  1. Se trata de cambiar cómo la gente piensa y se comporta. Toda vez que la innovación no tiene que ver sólo con la tecnología en sí misma, sino con cambiar con ésta los hábitos de las personas.
  2. Te dirán que estás loco. La crítica viene de todos lados; de los expertos, de la familia, de personas que te dicen: “si así de fácil fuera alguien ya lo habría hecho”, una frase que si la escuchas quiere decir que vas por buen camino, porque la tuya es una idea innovadora. Ten presente que cuando logras convencer a un crítico con tu proyecto innovador, él se vuelve tu mejor aliado.
  3. Piensa en grande. Si apuestas poco a un proyecto de innovación es más fácil abandonar; por eso es muy importante ser persistente y creer en tu idea, y si le metes todo lo que tienes a tu proyecto vas a encontrar una forma de salir adelante. Recuerda, lo que más reduce el riesgo de un proyecto tecnológico es tener talento y dinero; y lo que los atrae es un proyecto grande y ambicioso del que todo mundo quiera ser parte.
  4. Haz equipo. Para innovar vas a necesitar ayuda de gente con distintas capacidades con la que tendrás que trabajar en equipo.
  5. Apúrate a alcanzar tus metas. El tiempo es tu peor enemigo. La tardanza es el mayor riesgo para innovar, y si vas resolviendo un problema a la vez nunca acabarás, pues en la práctica hay que sacar las cosas rápido; para ello en tu proyecto tienes que formar diversos equipos que trabajen en paralelo. No olvides que las patentes sólo duran 15 o 17 años.
  6. Mil cosas te van a salir mal, pero no te des por vencido. Siempre sigue creyendo en tu idea.

Ingeniero, académico e inventor

Sacristán compartió los anteriores consejos a los universitarios que acudieron a su conferencia ‘Ingeniería y medicina’, actividad que formó parte de la ‘Semana de Ingenierías 2017’, organizada por estudiantes de ingeniería de la IBERO.

En su plática, dirigida particularmente a quienes desean desarrollar nuevas tecnologías médicas, el Dr. Sacristán compartió que es ingeniero en Electrónica, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y se ha dedicado a desarrollar proyectos innovadores en ingeniería biomédica; labor en la que incursionó al conocer a un cirujano que lo invitó a un proyecto de investigación para medir el daño en la mucosa de la pared intestinal, del que posteriormente hicieron un aparato al que llamaron ‘espectrómetro de impedancia gástrica’.

Ese, su primer proyecto, le fascinó porque pudo resolver un problema de salud de la gente y lograr un cambio en la medicina. “Es una satisfacción enorme provocar el cambio, ver un proyecto que está cambiando a los pacientes, que les salva la vida”. Además de patentar el ‘espectrómetro de impedancia gástrica’, este aparato supuso la fundación de la primera de las tres empresas que ha creado Sacristán Rock.

Entre los años dedicado a la innovación, durante los cuales el también docente ha desarrollado varios proyectos, el más destacado señaló que ha sido un corazón artificial, denominado ‘ventrículo artificial’.

Es una asistencia ventricular que al usarse fuera del cuerpo no requiere que se retire el corazón natural, porque el artificial se conecta en paralelo al órgano humano y realiza el trabajo de éste; propiedades por las cuales puede funcionar como un puente durante un trasplante.

Desarrollar el ‘ventrículo artificial’ tomó diez años, desde el diseño hasta implantarlo en un paciente humano. Hoy en día ya es un producto comercial que incluye el corazón, un sistema de control, cánulas, la técnica quirúrgica, entre otros aditamentos; y que se vende en tres mil dólares (hoy en día hay productos similares en Estados Unidos, pero cuestan 60 mil dólares).

El desarrollo tecnológico y comercial de este proyecto lo encabezó un ingeniero biomédico, quien coordinó a un grupo multidisciplinar integrado por: matemáticos, físicos, químicos, ingenieros mecánicos, ingenieros eléctricos, diseñadores industriales, anestesiólogos, inmunólogos, hematólogos, cirujanos cardiovasculares, intensivistas, enfermeras, veterinarios (las primeras  pruebas fueron en animales), abogados, mercadólogos y economistas.

Actualmente, el Dr. Sacristán trabaja en un ‘sistema para tratamiento temprano de infarto cerebral’, junto con un neurólogo especialista en infarto cerebral. En este proyecto en el que ya llevan años dedicados han hecho pruebas en ratas, conejos, ovejas y perros; y cuando llegó la hora de hacerlas en seres humanos ya se habían gastado cinco millones de dólares, que a Emilio Sacristán lo dejaron al borde de la bancarrota durante dos años y medio; por lo que de hecho tuvo que hipotecar su casa.

Sin embargo, siguiendo su sexta regla para la innovación, ‘Mil cosas te van a  salir mal, pero no te des por vencido’, Sacristán y su socio perseveraron y obtuvieron la autorización en México para probar su ‘sistema para tratamiento temprano de infarto cerebral’ en personas (primero en sujetos sanos antes de hacerlo en pacientes enfermos); y en la actualidad ya tienen la autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) para venderlo en la Unión Americana.

De esta manera el académico de la UAM concluyó su charla, no sin antes decirle a las y los estudiantes de la IBERO: “¿Quieres innovar?, ¡lánzate!, ¡sí se puede! Es duro y difícil, pero no te arrepentirás. El que más pierde es el que no lo intenta”.

Texto y fotos: Pedro Rendón/ICM

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